Honestidad brutal: por qué los audios de Vallejos anticipan el debate interno que viene en el Gobierno

Honestidad brutal: por qué los audios de Vallejos anticipan el debate interno que viene en el Gobierno
La diputada expuso con crudeza las divergencias del kirchnerismo con el plan de Guzmán: quiere subas de impuestos, intervencionismo y mayor laxitud fiscal
Por Fernando Gutiérrez
20.09.2021 16.50hs Política

Todos hablan de Fernanda Vallejos. Y lo hacen con una extraña mezcla de indignación y admiración. La polémica diputada expresó en sus célebres audios de Whatsapp ideas indefendibles -como que Alberto Fernández es un okupa que debe "allanarse" a lo que le diga Cristina Kirchner que tiene que hacer- pero también hizo un diagnóstico brutalmente sincero sobre los errores en economía política sanitaria, que muchos opositores no dudarían en suscribir.

Pero lo que más dotó de polémica a sus palabras es que nadie en el ámbito político interpretó que Vallejos hablaba apenas en nombre propio ni en un rapto de exaltación y enojo. Más bien al contrario, los que se percibe es que sus opiniones expresan, sin filtros de corrección política, lo que piensa la mismísima Cristina Kirchner y su entorno más cercano.

A fin de cuentas, Vallejos no es una dirigente cualquiera: fue la elegida por Cristina para acompañarla en la provincia de Buenos Aires en la difícil campaña electoral legislativa de 2017, cuando el macrismo estaba en auge y arreciaban las causas judiciales contra los funcionarios del kirchnerismo, empezando por la propia ex presidente.

Su condición de economista cercana a las posturas de Axel Kicillof y al grupo "La Gran Makro" la transformó en una de las principales voceras de las ideas heterodoxas en materia económica. Con sólidas convicciones "keynesianas y kaleckianas" -como ella misma definió en su célebre audio, en una alusión a las ideas del inglés John Maynard Keynes y del polaco Michal Kalecki- le dan un bagaje teórico como para defender las propuestas de intervencionismo estatal en todos los ámbitos económicos.

Es por eso que se ha erigido en la expositora más elocuente de la receta que el kirchnerismo aspira a imponer en un momento de crisis: más presión impositiva a los segmentos de altos ingresos, controles de precios, control cambiario, decidida intervención estatal en el comercio exterior, "keynesianismo" para mejorar el nivel de ingresos y el empleo. Y, sobre todo, despojarse de todo  pudor a la hora de incurrir en déficit fiscal y poner en marcha la "maquinita" de emitir pesos.

¿Chavismo o estilo Angela Merkel?

Pero sería injusto calificar a Vallejos como una más de las tantas figuras que abogan por este programa económico ya aplicado muchas veces. La diputada tiene un sesgo original: suele ir un paso más adelante y se anima a hacer propuestas que se salen del libreto clásico.

Un ejemplo cabal de ello fue cuando planteó, en el peor momento de la cuarentena, que como retribución por la ayuda estatal que estaban recibiendo en forma de ATP, las empresas deberían dar, a modo de contraparte, una porción accionaria en propiedad al Estado.

Es en situaciones así en que Vallejos demuestra una picardía política inusual, porque contesta a las críticas con respuestas que sus interlocutores no esperan: cuando llovieron en masa las acusaciones de que ella quería "chavizar" al país con una ola de expropiaciones, respondía que en realidad no se había inspirado en Chávez sino en la canciller alemana Angela Merkel.

Y mencionó el caso emblemático de Lufthansa, la línea aérea alemana que, tras haber visto desplomarse su facturación, recibió un salvataje estatal por 10.000 millones de euros, a cambio de una participación accionaria de 9%.

Además, planteó que esa posibilidad de ayuda estatal a cambio de acciones podía ser una forma de proteger a compañías argentinas de compras hostiles por parte de fondos de inversión del exterior. Como por causa de la pandemia las cotizaciones bursátiles se derrumbaron, la diputada argumenta que las empresas argentinas son presa fácil de inversores que quieran comprar activos a precios de ganga.

Del otro lado del mostrador, sin embargo, los empresarios no sólo no le agradecieron su preocupación sino que vieron un inconfundible sello kirchnerista por avanzar sobre el sector privado y hubo denuncias de "extorsión" por parte de dirigentes de la Unión Industrial Argentina.

Pero tal vez el más incómodo con esa propuesta no haya sido un empresario, sino el propio Alberto Fernández, que se vio forzado a salir a dar explicaciones y aclarar que no pretendía violar el derecho de propiedad.

Vallejos sorprendió a sus oponentes al afirmar que su iniciativa para expropiar porciones accionarias de las empresas habían sido inspiradas en una medida de Angela Merkel
Vallejos sorprendió a sus oponentes al afirmar que su iniciativa para expropiar porciones accionarias de las empresas habían sido inspiradas en una medida de Angela Merkel

La "desgracia" de exportar alimentos

También Vallejos provocó polémica al argumentar, para escándalo de los dirigentes agropecuarios y los economistas ortodoxos, que el país se vería perjudicado con el boom de los precios agrícolas.

"Argentina tiene una desgracia, que a veces se piensa que es una bendición, que es exportar alimentos. La maldición de esto es que los precios de los productos indispensables que tenemos que consumir los argentinos terminan muy tensionados por la dinámica de lo que ocurre con el comercio internacional", fue la frase de la diputada.

Naturalmente, sabía que la ortodoxia económica la atacaría sin piedad. "Burra", "oda a la ignorancia" y "amenaza para la inversión" fueron apenas parte de los epítetos que le dedicaron. Pero ella, unavez más, no se defendió con argumentos marxistas, sino que citó a economistas de la tendencia ortodoxa que habían explicado el fenómeno de la "enfermedad holandesa", como se conoce al problema que tienen los países que concentran su exportación en un producto y que, ante un shock de demanda, sufren una apreciación de su moneda que los lleva a perder competitividad.

Ese gusto por discutir usando "las armas del enemigo" se volvió a ver en la campaña electoral, cuando en un debate televisivo con Javier Milei defendió la regulación estatal citando frases de Adam Smith, el "padre fundador" de la economía política -y cultor de la "mano invisible del mercado"- que también advirtió que bajo determinadas condiciones el Estado debe intervenir para evitar abusos de los capitalistas.

Un ataque a la vocación "fiscalista"

Pero, más allá de su vocación polemista, el principal destaque de Vallejos fue la de esbozar con mayor grado de detalle un programa económico que difiere no solamente del que pretende la oposición sino del que lleva adelante Martín Guzmán.

Desde hace tiempo, viene abogando por una reforma impositiva como base de la política redistributiva, y puso su foco en el aporte de corporaciones y élites económicas.

"La manera de saldar la tensión entre la necesidad de un mayor gasto social por parte del Estado en esta emergencia sanitaria y las restricciones fiscales en las que ponen el acento quienes están cuidando las cuentas públicas, es avanzar en una política redistributiva drástica en materia tributaria para que el mayor aporte de los más ricos o de las corporaciones que tienen ganancias extraordinarias -aun  en la crisis- compense esos desequilibrios reduciendo la ampliación del déficit fiscal y la necesidades de emisión", fue la definición de Vallejos.

Concretamente, apuntó a dos objetivos: primero, el impuesto a los Bienes Personales, donde ve margen como para profundizar la escala como también la estructura alicuotaria, "para que haya una mayor carga sobre los sectores más ricos, como ocurre en los países desarrollados".

Y, segundo, instó a "pensar en tributos que observen la situación de las ganancias extraordinarias que algunos sectores han tenido, y esto lo observamos mirando los balances de esas grandes empresas".

Mencionó el ejemplo que se aplica en Europa con la llamada "tasa Google", algo que por estas latitudes se ha interpretado como el intento de gravar con impuestos extra a los servicios que han desarrollado un crecimiento explosivo en la pandemia, como Mercado Libre y otras empresas de servicios digitales.

Esas mismas ideas fueron luego plasmadas en la proclama del kirchnerismo el 9 de julio, que se difundió a modo de respuesta a los productores agropecuarios que ese mismo día habían convocado a un "banderazo" de repudio contra el intervencionismo estatal en el campo.

La proclama, que lleva en primer lugar la firma de Vallejos, reivindica el rol del Estado como orientador y planificador. Plantea como un hecho negativo la "conformación de enclaves exportadores" que no beneficien al resto de la economía. Y también defiende la necesidad de "cerrar la brecha de productividad intersectorial", un concepto ligado a los subsidios de parte de los sectores más dinámicos hacia los más retrasados.

Martín Guzmán, blanco preferido de las criticas de Vallejos, que le reprocha su excesivo celo por el equilibrio fiscal en un momento de crisis
Martín Guzmán, blanco preferido de las criticas de Vallejos, que le reprocha su excesivo celo por el equilibrio fiscal en un momento de crisis

Vallejos anticipa la discusión que viene

Pero, sobre todo, el tema por el cual más se ha hablado de Vallejos en los últimos días fue por la crudeza con la que expuso su divergencia con la vocación fiscalista del ministro Guzmán, a quien acusó de ser un neoliberal apenas disimulado y de carecer de sensibilidad social.

Para Vallejos, el hecho de que Guzmán haya logrado un casi equilibrio fiscal en el primer semestre es un hecho a criticar, porque impidió una ayuda estatal directa a los sectores más postergados y porque esa reducción del "rojo" fiscal se logró sobre la base de sub-ejecutar las partidas de obra pública.

Por otra parte, se metió con un tema tabú para el peronismo: reconoció que la nueva fórmula indexatoria de las jubilaciones es perjudicial –"esa reforma de mierda que nos hicieron votar", fue su expresiva definición- y que la consecuencia se está viendo en una reducción real del poder adquisitivo de los jubilados.

Lo cierto es que en las criticas de Vallejos pueden adivinarse las observaciones que el kirchnerismo duro le hará al proyecto de presupuesto 2022 de Guzmán, quien con poco éxito ha tratado de persuadir al kirchnerismo que "equilibrar las cuentas no es de derecha".

En ese texto se plantean varios puntos que chocan de frente que lo que defiende la diputada: Guzmán pretende una reducción fiscal de un punto del PBI, bajar del 2,2% al 1,5% los subsidios a las tarifas públicas, no plantea ningún aumento de impuestos. Y, si bien prevé un mayor gasto social -pasará del actual nivel de 1,17% a 1,22% del PBI- estará lejos del 2,9% que se requeriría para financiar un "salario universal" como piden las organizaciones sociales.

Por otra parte, Guzmán plantea reducir la asistencia del Banco Central al Tesoro, de manera que "sólo" uno de cada tres pesos para financiar al rojo fiscal provenga de la "maquinita".

Está claro que todos esos planteos caerán bajo discusión y Vallejos, como integrante de la comisión de Presupuesto y presidente de la comisión de Finanzas, expondrá sus discrepancias con el ministro al que calificó como responsable de la derrota electoral.

Y en medio de la polémica se plantea un interrogante: ¿cuál será el rol que jugará Vallejos cuando el 10 de diciembre se venza su período como diputada electa en 2017?

Los kirchneristas amarían verla en un cargo de responsabilidad, pero es probable que la dureza de sus críticas a Alberto Fernández le impidan esa posibilidad, al menos en el corto plazo.

Pero de algo no hay duda: Vallejos terminó por erigirse en un referente ineludible sobre el pensamiento económico del "kirchnerismo puro" y, al poner el dedo en la llaga de los problemas económicos actuales, anticipó la discusión que viene en la interna de un Gobierno que quiere sostener un modelo asistencialista sin recursos.